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La Guía de Dios  
(1ª parte)

Autor: William MacDonald

  La palabra discípulo ha sido por demás utilizada, y cada usuario le ha dado el significado de su conveniencia. El autor de este mensaje nos lleva a examinar la descripción de discipulado que presentó Jesús en sus enseñanzas, la cual se halla también en los escritos de los apóstoles, para que aprendamos y descubramos más acerca de este concepto.    



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PE1887 - Estudio Bíblico  -  La Guía de Dios


Estimados amigos oyentes, ¿cómo están? Es un gran gusto para mí volver a compartir unos minutos con ustedes para continuar hablando de estos temas fundamentales en la vida de todo discípulo.

En esta oportunidad, William MacDonald nos dice que: El factor más importante para determinar la guía de Dios es la condición espiritual de la persona. ¡Recorramos algunos pasajes de la Escritura y prestemos atención a lo siguiente!

Guiándome Jehová en el camino (Gn. 24:27).

Encaminará a los humildes por el juicio, y enseñará a los mansos su carrera (Sal. 25:9).

Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y Él enderezará tus veredas (Pr. 3:5 y 6

Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta
 (Ro. 12:1 y 2).

Estos versículos nos dicen, de diversas formas, que uno debe estar cerca para poder oír. Fue al discípulo que estaba recostado sobre el regazo del Señor al que Dios le dio la Revelación (o el Apocalipsis) de Jesucristo. Es a aquellos que permanecen en Cristo que Él les revela su mente y voluntad.

Dios tiene un plan para cada una de nuestras vidas. No tenemos que elaborarlo nosotros mismos. Todo lo que tenemos que hacer es descubrirlo y luego llevarlo a la práctica. He aquí algunos pasos importantes:

En primer lugar: Desee fervientemente la voluntad de Dios. Él no se la muestra a los aficionados espirituales, a los holgazanes, que en lo único que tienen interés es en lo superficial.

En segundo lugar: Reconozca que no sabe qué camino tomar. “Conozco, oh Jehová, que el hombre no es señor de su camino, ni del hombre que camina es el ordenar sus pasos” (nos dice Jer. 10:23). Y como ya hemos visto en Pr. 3:5, no debemos fiarnos de nuestra propia prudencia.

En tercer lugar: Confíe en el Señor completamente en todo asunto. Él ha prometido revelar Su voluntad; crea que lo hará. Isaías 50:10 dice: “¿Quién hay entre vosotros que teme a Jehová, y oye la voz de su siervo? El que anda en tinieblas y carece de luz, confíe en el nombre de Jehová, y apóyese en su Dios”. Dios tiene algo mejor para usted, de lo que usted jamás se imaginaría. Él conoce opciones que usted nunca soñó.

En cuarto lugar: Entréguese a Él sin reservas (Ro. 12:1-2). Esto significa no tener voluntad propia, ceder totalmente nuestros deseos a Él. Como alguien dijo, “sin reserva, sin regreso, sin nada que lamentar”. Esto hace que usted quede disponible para el Señor.

En quinto lugar: Confiese su pecado tan pronto como sea consciente del mismo en su vida (como nos exhorta 1 Jn. 1:9). Esto lo mantendrá limpio. Si está disponible y limpio, entonces es responsabilidad de Dios mostrarle Su voluntad.

En sexto lugar: Ore continuamente por una revelación de Su voluntad. “Enséñame, oh Jehová, tu camino, y guíame por senda de rectitud a causa de mis enemigos” (Sal. 27:11). Cuando se trata de asuntos muy relevantes le pido al Señor que confirme su guía a través de la boca de dos o tres testigos (Mt. 18:16). Si Él me da dos o tres evidencias claras de Su voluntad, no me equivocaré.

En séptimo lugar: Colóquese en el lugar correcto para recibir Su revelación, al pasar mucho tiempo con la Palabra de Dios. Porque, como nos dice el Salmo 119:105: “Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino”.

En octavo lugar: Si existen diferentes posibilidades, obtenga tanta información como le sea posible. Cuanto más información tengo, más fácil parece ser la guía del Señor. Enliste los pro y los contra en una hoja. Esto algunas veces ayuda a enfocarnos en algunos aspectos.

En noveno lugar: Busque el consejo de ancianos piadosos o de otros creyentes maduros cuyo juicio espiritual usted respete. No le pregunte a aquellos que probablemente le dirán lo que quiera escuchar.

En décimo lugar: Resista la tentación de elaborar su propia guía. Isaías 50:11, nos dice: He aquí que todos vosotros encendéis fuego, y os rodeáis de teas; andad a la luz de vuestro fuego y de las teas que encendisteis. De mi mano os vendrá esto; en dolor seréis sepultados.

Y el punto número once es: Esté dispuesto a esperar. A menudo ésta es la parte más difícil del proceso. Espere hasta que la guía del Señor sea tan clara, que rechazarla implicaría ser desobediente. Si se impacienta, recuerde que Jesús pasó treinta años en Nazaret. Isaías 28:16 exhorta lo siguiente: “… el que creyere no se apresure”. Dios difícilmente está apurado. Si usted confía en Él, tampoco lo estará. Scofield, cierta vez, dijo: “la fe descansa sobre la segura certeza de que Dios puede hablar lo suficientemente alto, como para que un hijo que está esperando escuche. Nuestra tarea es estar lo suficientemente calmos hasta que estemos seguros”.

Si usted está pidiendo que Dios le guíe y la guía no viene, entonces la guía de Dios para ese momento es que se quede donde está. El tener dudas sobre dónde ir, es tener luz sobre dónde quedarse. Recuerde la nube de Éxodo 40:36. Sólo muévase cuando la nube se mueva.

Mientras espera la guía, manténgase ocupado para Dios. Como dice Ecl. 9:10: “Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas”. J. Oswald Sanders dijo: “Es nuestro deber cumplir con nuestro deber. Este simple hecho clarifica una gran parte de nuestra vida, para la cual no deberíamos procurar ninguna guía”.

 



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