Estudios Bíblicos
  
Equipo de Trabajo
 
Entre amigas
  Revista Radial
  Estudios Bíblicos
  Viajeros
  Temas actuales
  Preguntas & Respuestas
  Vida Diaria
  Protectores de Pantalla

 

La Fe que Mueve Montañas

Autor: Marcel Malgo

“... porque de cierto os digo, que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible”. ¿Es ésta una palabra bíblica imposible de cumplir? Lo analizaremos en este mensaje.


DESCARGARLO AQUI :
PE1522- Estudio Bíblico - La Fe que Mueve Montañas


Queridos amigos, como ya se dijo en la introducción, el título del mensaje de hoy es: La fe que mueve montañas. Vamos a leer Mateo 17:20 en forma completa:

“Jesús les dijo: Por vuestra poca fe; porque de cierto os digo, que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible”.

¿Son éstas palabras bíblicas imposibles de cumplir? Cuando leemos esta expresión de nuestro señor Jesús en Mateo 17:20, ¿qué pensamientos se nos cruzan? ¿Estas palabras despiertan en nosotros la firme convicción de que se pueden cumplir literalmente? ¿Creemos que la montaña realmente se lanzará al mar, basados solamente en que se le dé una orden llena de fe? Lamentablemente, precisamente esta expresión de Jesús, despierta en algunos creyentes mas bien un sentimiento de impotencia. “¡Algo así es imposible!”, piensa automáticamente el creyente en lo profundo de su corazón. Es común que los pasajes difíciles en la Palabra primero hagan surgir la duda y la incredulidad en nosotros, en vez de llevarnos a concluir humildemente que no los entendemos.

Cuando se habla de una “fe que mueve montañas”, el cristiano tradicionalmente se refiere a una gran fe. Pero quisiera recalcar, que aquí no se trata en primer lugar de una gran fe, ¡sino de un gran hecho!

Analicemos la expresión: Fe como un grano de mostaza

El Señor Jesucristo habla acerca de dos cosas: de la fe y de la consecuencia de esa fe. ¿Se requiere una fe particularmente grande para mover una montaña? No. No dice: Si tienen una fe grande, entonces… No se trata de una fe tal que no se detiene a ver los obstáculos, y pasa por encima de todo lo que se interponga en el camino. Sí, es posible que la fe que mueve montañas tenga estas características. ¡Pero el Señor no está hablando de esa fe! Jesucristo sencillamente dice que esa fe es como “un grano de mostaza”. El grano de mostaza (que puede tener de 0,95 a 1,1 mm de diámetro) es denominado en Marcos 4:31 como “la más pequeña de todas las semillas que hay en la tierra”. ¡Y esta pequeña semilla, casi invisible para el ojo humano, es la que toma el Señor como ejemplo de una fe que mueve montañas! Y lo hace con muy buena razón. Porque de esta semilla extremadamente pequeña, en un año nace un árbol de aproximadamente tres metros de altura. Los requisitos para un rendimiento tan grande son mínimos. ¡Pero justamente estos requisitos mínimos son, para el Señor, ejemplo de una fe suficiente para mover montañas! ¿Acaso esta “fe como grano de mostaza” no alude a nuestra fe, a veces tan débil y pequeña? No. Esto de ninguna manera justifica nuestra poca fe, que tan a menudo parece justificarse al decir: ¡ésta precisamente es una fe como un grano de mostaza!” Pero algunos de nosotros seguramente ya hemos tenido la sensación de que nuestra fe es demasiado pequeña e insignificante, y esto nos puede traer grandes dificultades. ¡Pero justamente esta pequeña fe, casi insignificante, como dice Jesús, tiene el poder de mover montañas! Quizás debamos preguntarnos hoy, si no tenemos un falso concepto de lo que es la fe.

Tan sólo fe, es suficiente

Todos lidiamos con situaciones difíciles, preguntas y problemas. Los mismos, cada tanto se levantan como montañas frente a nosotros. ¿No sucede, en estos casos, que anhelamos de todo corazón una fe más grande para poder sobrellevarlo todo? Pero Jesús dijo: “¡Si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá!” En otras palabras: es suficiente tan sólo con tener fe. ¡No necesitamos una gran fe para mover montañas!

Si el grano de mostaza tuviera la posibilidad de verse a sí mismo, se desesperaría, ya que se podría decir que no tiene nada que dar. Y así es a veces también en nuestras vidas: nos miramos a nosotros mismos, constatamos una fe bastante discreta, y… ¡nos resignamos! Pero el grano de mostaza no hace eso. No se mira a sí mismo para resignarse. Simplemente se deja sembrar en la tierra, comienza a crecer y termina siendo lo que tiene que ser: un árbol, en cuyas ramas viven “las aves del cielo” (así como lo dice Lucas 13:19). ¡El grano de mostaza no se convierte en un árbol porque se haya esforzado muchísimo, sino porque simplemente activó y usó lo poco que tenía!

Muchas veces elaboramos un falso concepto de la fe. Es la fe sencilla en la obra completa de Jesucristo la que nos lleva adelante, la que diariamente nos lleva a una comunión más íntima con el Cordero de Dios; ¡y no un esfuerzo sobrehumano de la fe en nuestro espíritu! David escribió en el Salmo 18:29 : “Contigo desbarataré ejércitos, y con mi Dios asaltaré muros”. Y en los Salmos 60:12 y 108:13: “En Dios haremos proezas, y él hollará a nuestros enemigos”. David fue un hombre como nosotros, con errores y debilidades. Su fe no siempre fue grandiosa y penetrante. Pero él, con toda sencillez se aferraba a su Dios. Y a través de eso podía realizar grandes proezas.

Veamos cuál es: La fe que vence al mundo

1 Juan 5:4 dice: “Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe”. ¿Cuál es esa fe que vence al mundo? ¿Acaso se trata de una fe poderosa y penetrante? No, la fe que vence al mundo es la fe sencilla, a veces impalpable, muchas veces sacudida y atacada, ¡en la sangre reconciliadora y salvadora de Jesucristo! Una fe así no se apoya en lo que sentimos, sino en lo que sabemos: el hecho de que somos hijos de Dios. ¡Una fe así mueve montañas! No se trata de querer realizar grandes esfuerzos con nuestra fe, sino simplemente de apoyarse en lo que no es dado en Cristo.

Isaías nos habla de: La caña quebrada

Dice así en el cap. 42, vers. 3: “No quebrará la caña cascada, ni apagará el pábilo que humeare; por medio de la verdad traerá justicia.” Esta profecía mesiánica se confirma en el Nuevo Testamento, en Mateo 12:20, diciendo que se refería directamente a Jesús. Pero estas palabras también pueden representar la imagen de una persona que apenas tiene una fe del tamaño de un grano de mostaza. ¿Qué fue lo que vimos con respecto al grano de mostaza? Parece no tener casi nada que pudiera dar, pero lo que tiene, lo da. Y de ahí nace un árbol, en el cual anidan “las aves del cielo”. ¿Entiende lo que el Señor quiere decir con esto? Quizá al escuchar este mensaje se sienta en las condiciones de una “caña quebrada” o de un “pábilo humeante”. Quizás se sienta internamente miserable y débil. Y ante su alma se amontonen grandes montañas de preocupaciones y problemas. Y disponga apenas de una mínima fe, una fe como un grano de mostaza.

Pero el hecho de que se sienta como una “caña quebrada” o un “pábilo humeante”, demuestra que todavía queda algo. ¡Porque una “caña quebrada” todavía no está partida, y un “pábilo humeante” todavía no se ha apagado! Todavía hay una chispa de fe. Jesús dice: “Si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible”. Sus montañas de preocupaciones y problemas las puede arrojar al mar (como sugiere Lucas 17:6), simplemente usando su fe, aunque ésta sea tan pequeña como un grano de mostaza. Venga a Cristo, tal como usted es. Él no partirá “la caña quebrada”, ni apagará “el pábilo humeante”. Al contrario, el Salmo 34:18 nos dice: “Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; y salva a los contritos de espíritu”.

El secreto es: La fe en un Dios poderoso

Quisiera recordar también la alimentación de los cinco mil. Para realizar esta enorme provisión, los discípulos ya habían ideado un plan bastante bueno. En Mateo 14:15 leemos: “Cuando anochecía, se acercaron a él sus discípulos, diciendo: El lugar es desierto, y la hora ya pasada; despide a la multitud, para que vayan por las aldeas y compren de comer”.

Pero el Señor no había esperado una idea así, sino algo totalmente distinto. No necesitó de los comercios de los pueblos cercanos para poder darle de comer a tantos miles de personas, ¡sino que utilizó a alguien que tenía una fe como un grano de mostaza! A alguien que tenía poco, pero que estaba dispuesto a ofrecer lo poco al Señor, para que Él pudiera realizar una gran obra. Efectivamente, había “un niño” que tenía “cinco panes y dos peces”, y que estaba dispuesto a darle lo poco que tenía al Señor (como podemos ver en Juan 6:9). ¿Y qué hizo el Señor con esto? Lo leemos en el vers. 11: “Y tomó Jesús aquellos panes, y habiendo dado gracias, los repartió entre los discípulos, y los discípulos entre los que estaban recostados; asimismo de los peces, cuanto querían”. ¡Así Jesucristo alimentó con cinco panes y dos peces a cinco mil hombres, sin contar a mujeres y niños!

Eso sólo lo pudo hacer porque estaba ahí ese niño, quien demostró tener una fe como de un granito de mostaza. El niño seguramente no tenía ni idea del gran milagro que iba a suceder cuando dio lo poco que tenía al Señor.

Era una gran montaña la que los discípulos veían delante de sí: ¿Cómo daremos de comer a tanta gente? Ya habían hecho planes acerca de cómo quitar esta montaña. Pero Jesús no necesitó eso. Él buscó una fe como grano de mostaza y la encontró. Con eso, la montaña fue “arrojada al mar”. Querida oyente, querido oyente, sea usted hoy ese niño. Tráigale al Señor la poca fe que tiene, y será capaz de “arrojar al mar” sus montañas personales de dificultades y preocupaciones. No necesita una fe poderosa en Dios, sino una fe en un Dios poderoso.




 
Escríbanos
Ecos de Oyentes
Dichos Famosos
   
  Última emisión de:
Estudios Bíblicos

  Las Noticias
Los Medios Digitales y sus Peligros
El Milagro de la Metamorfosis
Los niños deben tener contacto con la naturaleza
Dudosos viajes al cielo
Las bodegas de Israel en el Neguev
Otras Noticias ...

Perlas Diarias
"Me regocijo en tu palabra como el que halla muchos despojos."

Salmo 119:162