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La lucha por el monte del templo


La segunda venida de Cristo está cerca. Pero, ¿dónde será el lugar de Su venida? La Biblia nos dice muy claramente: Israel, respectivamente Jerusalén.

Randall Price

Jesús vendrá en un tiempo de tribulación para salvar al pueblo judío de la opresión. Del contexto de la profecía queda evidente que entonces el templo será reedificado y que tendrá importancia profética. En Malaquías 3:1-3 dice por ejemplo, que el Señor vendrá repentinamente en un tiempo de juicio a Su templo. Él purificará a los hijos de Israel, de modo que ellos puedan ofrecer sacrificios justos. Jerusalén se encuentra en el centro de la atención de Dios. Él prometió que un día Él regresará allí: “Así dice Jehová: Yo he restaurado a Sion, y moraré en medio de Jerusalén” (Zac 8:3). Pero Él no solamente regresará a Jerusalén, sino que también la defenderá porque es la niña de Sus ojos (Is 37:35).

En el tiempo de Salomón se construyó el primer templo. En ese templo se encontraba el Lugar Santísimo y en el mismo el arca del pacto. El Lugar Santísimo era el lugar donde Dios se encontraba con los seres humanos. A causa de las transgresiones de Israel contra la ley mosáica, este templo más adelante fue destruido por los babilonios como juicio de Dios. Cuando los judíos regresaron de su exilio babilónico a Israel, construyeron un segundo templo. Éste, sin embargo, se encontraba bajo el control de pueblos extraños y por eso repetidas veces fue profanado. Ese templo fue reconstruido por Herodes el Grande alrededor del 19 a.C.. Pero aun así lo seguían llamando el segundo templo, y no el tercero; sus rituales de sacrificio aun seguían el modelo antiguo-testamentario. De ahí que el término “renovación” sería más apropiado. El segundo templo existía cuando Jesús vivió en la tierra. Era el templo que Él como hombre judío visitaba tres veces al año. Él conocía bien ese lugar durante su vida terrenal. Los contornos del templo quizás fueron lo último que Él vio desde la cruz. Era el templo sobre el cual Él profetizó la destrucción, porque en Su primera venida los judíos no querían reconocerlo como su Mesías. Aun hoy en día se puede ver las consecuencias de la destrucción.

“Porque vendrán días sobre ti, cuando tus enemigos te rodearán con vallado, y te sitiarán, y por todas partes te estrecharán, y te derribarán a tierra, y a tus hijos dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación“ (Lc 19:43-44). Esta profecía se cumplió literalmente en el 70 d.C.. Las piedras que hoy en día se encuentran allí son exactamente las mismas que los romanos en aquel entonces tiraran y dejaran allí. Durante los años consecutivos, en el tiempo del imperio bizantino, el Monte del Templo fue dejado desértico. Esta devastada superficie pedregosa antiguamente se había encontrado en el Lugar Santísimo. En el año 638 d.C., el islam comenzó la invasión de la Tierra Santa, especialmente de Jerusalén. Los musulmanes llegaron al desolado lugar del Monte del Templo. Como Jesús es nombrado en el Corán como profeta, y como el islam ve a David y a Mahoma como personajes importantes, ellos mismos dirigieron su atención al Monte del Templo.

De acuerdo con una historia en el Corán, Mahoma un día hizo un viaje nocturno (en realidad fue un sueño que Mahoma tuvo, pero más adelante fue interpretado como viaje nocturno): De modo que él, en su viaje nocturno, habría cabalgado en un animal mágico que tenía la cola de un pavo real y el cuerpo de un caballo, las alas de un águila y la cabeza de una mujer. Se cuenta, que él habría salido de La Meca en Arabia Saudita, y habría volado todo el camino a Jerusalén. Eso más adelante fue registrado en el Corán (Sura 17,1). El lugar al que le llevara su viaje fue llamado la Mezquita más alejada. El Corán, no obstante, no dice expresamente que haya sido en Jerusalén. Y es seguro que no habla del Monte del Templo; esa es una interpretación más tardía. Aun los intérpretes musulmanes están de acuerdo entre sí que la mezquita allí mencionada debe haber sido la de Medina. ¡El hecho es, que en Jerusalén en aquel tiempo aun no había mezquita alguna! Solamente había dos mezquitas: una en La Meca y una en Medina. De modo que el islam intenta tomar un lugar religioso ya existente con anterioridad y declararlo como suyo propio.

Además del Corán, en el islam también es importante el Hadith. En el mismo leemos lo siguiente sobre Jerusalén: “A aquel, quien viene a Jerusalén, le son perdonados todos sus pecados por Alá. Todo aquel que ayuna un día en Jerusalén es salvado del fuego del infierno.” Entonces, si Jerusalén es tan importante para el islam, uno esperaría que esa ciudad recibiera un lugar de importancia de acuerdo a eso en el Corán. ¡Hecho es, sin embargo, que Jerusalén no es mencionado ni una sola vez! ¡Contrario a eso, Jerusalén es mencionado más de 800 veces en el Antiguo Testamento, y eso ya unos 1000 años antes de que siquiera existiera el islam! Aun así, el jeque de la Mezquita Al-Aqsa declara que: “Jerusalén se encuentra en la punta de los lugares sagrados del islam. Ninguna ciudad se acerca a su santidad, con excepción de Medina y La Meca. Jerusalén nos pertenece a nosotros y no a ustedes. Esa ciudad es más importante para nosotros que para ustedes. Jerusalén es la llave para ambos: guerra y paz.” Con eso él quiere decir, que Jerusalén sea más importante para el islam y los musulmanes que para los judíos y los cristianos. Eso, sin embargo, no puede ser documentado por la historia.

Recién después de que los judíos habían recuperado Jerusalén en la Guerra de Seis Días en junio del 1967, fue que los árabes reclamaron la ciudad para sí mismos. No existe duda alguna, que Jerusalén para el islam ha tenido una cierta importancia en los últimos 1300 años, pero la misma no tenía el significado político que se le adjudica actualmente. Recién después de la Guerra de Seis Días, esa ciudad llegó a ser piedra de tropiezo, no solamente en el sentido religioso para el islam, sino a nivel mundial.

El siete de junio de 1967, los judíos llenos de alegría izaron la bandera israelí sobre la mezquita en el Monte del Templo. Sin duda ni ellos mismos tenían muy claro lo que sucedería ahora. Moshe Dajan, el general en jefe de la Guerra de Seis Días, unos días después de la guerra se encontró privadamente con personas musulmanas árabes en liderazgo. Su intención era, devolver a los musulmanes el control sobre los lugares sagrados sobre el Monte del Templo para estar en paz con el mundo musulmán. No obstante, él no buscó apoyo del gobierno. A pesar de que la ciudad de Jerusalén ahora se encontraba bajo soberanía judía, la administración del distrito del templo fue sometida a un gremio musulmán. De ese tipo de entrega, sin embargo, resultó que del lado árabe se negara toda autoridad de los judíos sobre el Monte del Templo, y en principio naturalmente también sobre la ciudad. Cuando, en 1987, comenzó la primera Intifada – la sublevación nacional palestina contra los israelíes – la exigencia palestina era que querían el control sobre la ciudad de Jerusalén, como también sobre los lugares santos sobre el Monte del Templo.

La pregunta central del Acuerdo de Oslo, que estuvo vigente por unos 10 años, decía cómo debía repartirse la responsabilidad por el Monte del Templo y por la ciudad. Pero a pesar de eso, Yassir Arafat realizó declaraciones que mostraban claramente: ¡Los palestinos con toda seguridad no aceptarían una repartición del Monte del Templo! “Todo aquel que no acepta el hecho que Jerusalén será la capital del estado palestino”, declaró Yassir Arafat, “y solamente de este estado, ¡0puede ir al Mar Muerto y tomar del mismo!”, lo que significa cometer suicidio. Las siguientes palabras fueron expresadas por Yassir Arafat en enero del 1996, durante un encuentro entre él y embajadores árabes (anotación secreta): “Nosotros los palestinos tomaremos todo, incluyendo a Jerusalén en su totalidad. Tenemos planes de eliminar el estado de Israel y de levantar un estado palestino.” Y Feisal al Husseini, a quien yo mismo he entrevistado repetidas veces, dijo: “En el caso de que Israel insista en no reconocer la soberanía palestina sobre la parte este de Jerusalén, el derecho estará del lado palestino, de reclamar sus derechos desde el Jordán hasta el Mar Mediterráneo.” Feisal al Husseini había sido instituido por el lado palestino como el gobernador interino de Jerusalén. En esa función a menudo recibía a todos los dignatarios que llegaban a Jerusalén. Él también defendía la opinión, que el Monte del Templo sería un cementerio musulmán (él mismo entretanto ha sido enterrado allí), y que por esa razón los judíos no lo deberían pisar. Eso estaba totalmente de acuerdo con la postura palestina de permitir el acceso al Monte del Templo exclusivamente para los musulmanes.

El Jeque Ikrima Sabri, conocido personal mío, fue nombrado por Yassir Arafat como muftí palestino de Jerusalén (octubre 1994 al 1º de julio del 2006). Su opinión sobre el Monte del Templo: “No existe ni la menor señal a favor de la existencia de un templo judío en este lugar en el pasado. En toda la ciudad no hay ni siquiera una única piedra que permita suponer una historia judía.” Esta declaración consternó a todo aquel que alguna vez haya viajado a Jerusalén y haya mirado todas esas piedras caídas, también en los museos. Dicha declaración, sin embargo, se ha convertido en parte del esfuerzo de re-escribir la historia. Y, después de todo, la propaganda funciona según el siguiente principio: Si se dice una cosa con la suficiente frecuencia y perseverancia, en algún momento llega el tiempo a partir del cual por lo menos una parte de la gente sencillamente la cree. Lo que ha cambiado no es la realidad histórica, sino la política. Ese es el conflicto alrededor del Monte del Templo.

Los judíos ortodoxos se refieren a un pasaje en el Antiguo Testamento, el cual ellos consideran como mandamiento aun vigente para ellos mismos: “Y harán un santuario para mí, y habitaré en medio de ellos” (Ex 25:8). Si se quiere volver a edificar el templo, primeramente hay que saber donde debe estar. Una de las propuestas anteriores decía que se debería dejar los santuarios musulmanes, es decir el Domo de la Roca y la Mezquita Al-Aqsa, poniendo el tercer templo al lado de los mismos. Aun en la actualidad existen representantes de esta idea. Otros creen que en algún momento ya no existirán los santuarios musulmanes, y ya hacen las preparaciones para que entonces puedan comenzar los servicios a Dios y la adoración.

Organizaciones tales como “Instituto del Templo” ya ahora están fabricando los utensilios necesarios, como por ejemplo la corona del sumo sacerdote, el pectoral para la vestimenta del sumo sacerdote, el gran candelabro de siete brazos (la menora) que se debe encontrar en el templo, la mesa para los panes de la proposición o el altar del incienso. Del mismo modo ya se ha comenzado a hacer preparaciones para el servicio de los sacrificios. Por supuesto que no se puede practicar esos sacrificios directamente sobre el Monte del Templo, pero por lo menos se hace los sacrificios en los momentos correctos del calendario judío, como por ejemplo en el Día de Reconciliación.

Otra organización con el nombre de “Los Fieles del Monte del Templo” está activa políticamente. Organiza, por ejemplo, manifestaciones para dirigir la atención del estado israelí a que este templo tiene que ser levantado nuevamente. Su lema es: “¡Liberen el Monte del Templo!” Gersón Salomón, quien dirige “Los Fieles del Monte del Templo” llegó al Domo de la Roca en 1967, después de la Guerra de Seis Días. Él ya había construido la piedra del ángulo para el tercer templo. Pero esta piedra, que fue puesta en exposición pública en Israel, fue robada por musulmanes. De modo que él, por seguridad, construyó dos nuevos.

Cada vez son más los musulmanes que ven el tema Monte del Templo como el punto principal del conflicto con Israel. Toda idea de un templo judío sobre el Monte del Templo es rechazada. El ex primer ministro israelí Ehud Barak incluso estuvo dispuesto a ceder todo control sobre el Monte del Templo. Solamente quería retener una autoridad simbólica que se extendía a las excavaciones debajo del Monte del Templo. Esta propuesta en realidad era aceptable para ambos lados y tendría que haber allanado el camino a un verdadero proceso de paz. Yassir Arafat, no obstante, abandonó las negociaciones de Camp David con las palabras: “No quiero que se diga de mí que he admitido la existencia de un así-llamado templo.” Porque la doctrina oficial del islam entretanto es, que nunca habría existido un templo judío allí, y que, por ende, los judíos no tendrían ningún derecho sobre el lugar, y que cualquier concesión en esta dirección se dirigiría contra los intereses esenciales del islam.

Una declaración similar fue dada por el ex ministro de información palestino Walid Awas: “Jerusalén no es una ciudad judía, a pesar del mito bíblico que se encuentra en algunas cabezas. No existe ningún tipo de indicaciones tangibles sobre una existencia judía sobre el Monte del Templo. El lugar del Monte del Templo es cuestionable. Podría encontrarse en Jericó o en algún otro lugar.” Busque Usted en su Biblia: ¿Se construyó un templo en Jericó? Pero las autoridades palestinas se sienten equipadas con una nueva soberanía sobre el Monte del Templo. En 1996, ellos comenzaron trabajos de construcción en el Monte del Templo para convertirlo exclusivamente en una mezquita musulmana. Y por eso ellos destruyen sistemáticamente los restos arqueológicos de la época del templo. Ellos han llevado pesadas maquinarias de construcción a la cima del Monte del Templo.

Pero para eso nunca estuvo pensado ese lugar antiguo. La nieta del conocido arqueólogo Masar es presidenta de un comité que quiere evitar la destrucción de antiguos hallazgos sobre el Monte del Templo. Ella nos explicó, lo que será la consecuencia lógica del uso de maquinarias pesadas: “La totalidad del lugar del Monte del Templo es antigua. La superficie es delgada, y está para cargar con maquinaria pesada. También la conservación bajo tierra es poca. Es tan solamente una cuestión de tiempo, cuando y en que medida todo se derrumbe y destruya.”

Fotografías tomadas secretamente testifican de la catastrófica destrucción de lugares y edificios antiguos. Autoridades y arqueólogos israelíes no pueden pisar el lugar de construcción de 6000 metros cuadrados de extensión y de seis metros de profundidad. Entretanto allí se ha construido una enorme mezquita, que da lugar a miles de personas. Posiblemente ya no se encuentre restos judíos allí. La construcción de la mezquita, incluso, fue extendida por una enorme salida. Piedras llenas de historia han sido esparcidas por todas partes sobre el Monte del Templo. Entre ellos hay columnas de procedencia desconocida. Se ve varias piedras del tipo de los capiteles que claramente provienen de la época del segundo templo. Pero ningún arqueólogo tiene el permiso de estudiar esos hallazgos antiguos. Las autoridades palestinas han asegurado oficialmente, que ellos tratarían con cuidado los posibles restos del templo. Pero, ¿lo hacen realmente?

En las fotografías de los trabajos de construcción en el subsuelo del Monte del Templo se ve, como piedras antiguas son cargadas sobre un camión de transporte. Las piedras en las paredes tienen aspecto de nuevas. Pero en realidad son exactamente las mismas piedras. El hecho es, que allí se corta las antiguas piedras con sierras de piedras hasta que tengan aspecto de nuevas – especialmente piedras con decoraciones, diseños e inscripciones. Una piedra de ese tipo fue la que encontré en las afueras de la Puerta Dorada. Si, entonces, se quita todo lo judío, se crea con eso lo que el muftí dijo: Entonces ya no habrá ninguna piedra que deje deducir una presencia judía. Los musulmanes logran de veras lo que ellos tanto quieren. Los verdaderos restos arqueológicos, bajo la protección de la noche, son echados en diversos vertederos de basura. Se estima que aproximadamente unas 20.000 toneladas de material haya sido quitado del Monte del Templo de esta manera.

Algunos estudiantes investigaron esas cosas y encontraron elementos claves de construcción. Ellos descubrieron que, por ejemplo, en el vertedero de basura del Kidron, el 14 por ciento del material proviene de la época del primer templo y el 19 por ciento de la época del segundo templo. No obstante es arqueológicamente sin valor por haber sido encontrado en un vertedero de basura, siendo así sacado de su original contexto.

A causa de los trabajos de construcción musulmanes en el interior, se formó una joroba en la pared sur del Monte del Templo, porque allí se había juntado el agua de lluvia, así empujando hacia afuera el muro del templo en este punto. En caso de un derrumbe, el mismo caería hacia el lado judío. Ni los judíos, ni los palestinos pudieron arreglar el daño por obstaculizarse entre ellos al hacerlo. Por eso al final se fue a buscar a los jordanos. Estos intentaron repararlo. Directamente detrás del muro se encuentra justamente esa mezquita subterránea con lugar para miles de musulmanes. De derrumbarse el muro, también la mezquita se derrumbaría. Naturalmente se culparía a Israel, ya que se caería hacia el lado judío. Otras partes más pequeñas del muro ya se han derrumbado, como por ejemplo en el museo islámico, cerca de la entrada al Monte del Templo. El muro no resistió el peso de la nieve en el invierno.

¿Qué sucedería en el caso de un gran derrumbe en el Monte del Templo? Llevaría a un desastre con consecuencias mundiales. Todos los ojos estarían dirigidos a ese lugar. Eso nos lleva de regreso al principio, al conflicto del Monte del Templo ahora en el presente, que aun se incrementará en el futuro. Todo eso desembocará en el tiempo de la tribulación y llevará a que se concierte un nuevo contrato de paz, esta vez entre el mismo Anticristo e Israel. Entonces el templo será construido nuevamente y más adelante será profanado. A continuación tendrá lugar una gran persecución de judíos: “Y por otra semana confirmará el pacto con muchos; a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda. Después con la muchedumbre de las abominaciones vendrá el desolador, hasta que venga la consumación, y lo que está determinado se derrame sobre el desolador” (Dn 9:27). La buena noticia, sin embargo, es que justamente ese acontecimiento también traerá consigo la segunda venida de Jesucristo en gloria sobre la tierra. ¿Cómo podemos estar seguros que todo eso realmente acontecerá? Porque las promesas de Dios siempre se han cumplido. Del mismo modo como fue destruido el templo, también será reconstruido en el futuro. Sucederá exactamente como Dios lo ha dicho. Y Su Palabra Profética tiene que cumplirse en su totalidad.

Extracto resumido de El eterno Jesús, pág. 103-117. Lea más sobre la historia de Jerusalén en la última edición de las Noticias de Israel, en el artículo “El Mito de la Mezquita Al-Aqsa”, de Herbert Nowitzky.




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