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Título: Lidia la vendedora de Púrpura

Autor : Herman Hartwich  Nº PE1387

El pastor Herman Hartwich, basado en el pasaje de Hechos 16: 12 al versículo 15, comparte con la audiencia la historia de Lidia, quien era vendedora de Púrpura de la ciudad de Tiatira. Detrás de tal historia se esconde una gran verdad! No se la pierda, escuche este programa!!!!


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Qué tal mis amigos es un alegría poder estar junto ustedes una vez mas para poder compartirle las maravillosas palabras del evangelio de nuestro Señor Jesucristo. En esta oportunidad quisiera referirme, a un pasaje que en un momento voy a anunciar en el libro de los hechos de los apóstoles. Pero quisiera decir que el gran apóstol San Pablo a quien nosotros conocimos antes de su conversión como Saulo de Tarso. Un hombre muy religioso un hombre extremadamente religioso y bastante celoso de su religión. Quizá como muchos de nuestros oyentes. Pero que carecía de una relación personal con Dios. Iba encomendado por las autoridades religiosas de su tiempo en persecución de aquellos que estaban siguiendo el camino de Jesucristo entonces tuvo un encuentro personal con Jesucristo.

Y allí experimentó un cambio radical en su vida. De perseguidor luego se transformó en un seguidor de Jesucristo y posteriormente un perseguido. Pero mis queridos amigos, en aquel momento en el que él tuvo un encuentro con Jesucristo, entre otras cosas Jesús le dijo que le enviaba a todo el mundo, especialmente a aquellos que no eran Judíos para que abran sus ojos. Para que se conviertan de las tinieblas a la luz. Y de la potestad de Satanás a Dios par que reciban por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados.

Mis queridos amigos, Pablo en su misión de evangelizar, en esa pasión por las almas que iba en aumento día a día, Dios le había dicho que hablara, que no callara, porque había mucho pueblo que estaba deseando creer en el evangelio y experimentar la paz que conlleva el recibir el evangelio. Entonces él comenzó a predicar. Y al llegar todo el mundo conocido de aquella época con la palabra del Evangelio, realmente Pablo tenía un corazón ardiente. Era un fuego que le quemaba dentro de su corazón.

La palabra del Evangelio me hace acordar esto también a las palabras que dice Jeremías. Que era como un fuego que ardía no puedo callar. Mis queridos amigos estamos en este momento también compartiendo con ustedes la Palabra del Evangelio, porque es como un fuego que arde dentro de nuestro corazón. No nos podemos hallar inmersos en un mundo tan necesitado, tan problemático, tan lleno de tragedia, de horrores realmente, de tanto temor, de tanta angustia, Nosotros tenemos en el evangelio la palabra de Esperanza. La palabra de vida. Y mis queridos amigos ahora quisiera compartirles en el libro de los hechos capítulo 16, verso 12 al 15, donde el autor de este libro que era el evangelista y el médico Lucas que era en parte también ayudante en esta obra ministerial y misionera dice que cuando llegaron a Filipos, que era la primera ciudad de la Provincia de Macedonia, y una colonia, y estuvimos en aquella ciudad algunos días, y un día de reposo salimos fuera de la puerta junto al rio donde solía hacerse la oración. Y sentándonos hablamos a las mujeres que se habían reunido. Entonces una mujer llamada Lidia, vendedora de púrpura de la ciudad de Tiatira, que adoraba a Dios estaba oyendo. Y el Señor abrió el corazón de ella, par que estuviese atenta a lo que Pablo decía. Y cuando fue bautizada y su familia nos rogó diciendo: si habéis juzgado que yo sea fiel al Señor entrad en mi casa y posad y nos obligó a quedarnos.

Mis queridos amigos, aquí tenemos algo muy interesante saben que en todas partes, en todos los lugares siempre hay algunas personas que tienen inquietudes espirituales y que se juntan, a veces se conocen y se pueden identificar unas con las otras, en su interés por las cosas espirituales en su deseo de dirigirse a Dios o de buscar a Dos en cierta manera. En este caso un grupo de mujeres, allí en esa ciudad de filipos, en medio de una ciudad pagana, quizá rodeada de millares de dioses, de ídolos, poer que no satisfacen el alma. Eso ídolos muertos que como dicen la Biblia, tienen ojos pero no ven, tienen boca pero no hablan, tienen pies mas no andan, los tienen que llevar.

Mis queridos amigos esta es una triste realidad, mucha gente está prendida de las imágenes, de los ídolos y no encuentran respuesta. Porque la respuesta esta solamente en el Dios vivo y verdadero el creador de los cielos y de la tierra el creador de esta nuestra vida, el que puso espíritu en nosotros. Y que es el único con quien podemos relacionarnos, verdaderamente. En este caso encontraron a una mujer, Lidia, que junto con otras mujeres, allí en un día de reposo, no había sinagoga allí en ese lugar, seguramente habían muy pocas personas judías y no justificaba tener allí una sinagoga, pero allí junto al río, no importa el lugar, donde tu te encuentres, no importa el lugar donde tú quisieras, porque allí, donde tu decidas buscar el rostro de Dios, en oración, allí está el Señor. El asunto es que tu te decidas en buscar, a Dios en oración.

Estas mujeres estaban junto al río, siempre se encuentra el lugar adecuado no es cierto? Que interesante que las mujeres, siempre las mujeres parecen que van adelante, antes que los hombres será que las mujeres son más sensibles a la palabra del Evangelio? Será que las mujeres son más dispuestas a humillar su corazón y a reconocer sus necesidad, nosotros trabajamos con matrimonios que están en problemas, en crisis y la realidad es que generalmente las mujeres son las mas sensibles, y las mas dispuestas a buscar ayuda para su vida de matrimonio para solucionar para cambiar para vencer los problemas, los hombres son más reacios en este caso también las mujeres estaban buscando, de Dios. Siempre hay un momento oportuno, para hablar, si siempre hay un momento oportuno, para hablar. El apóstol Pablo con sus compañeros allí comenzaron a hablar a esas mujeres que estaban buscando el rostro de Dios, la bendición de Dios. Lidia se le identifica como una mujer quizá, artesana, comerciante. Porque era vendedora de Púrpura, de la ciudad de Tiatira que se destacaba por sus manufacturas, pero que también adoraba a Dios.

Adoraba a Dios y esto me hace pensar que ella estaba necesitando a Dios y que adoraba a Dios quizá sin conocerle, como el apóstol Pablo más adelante en el capítulo 17 de este libro de los Hechos en la ciudad de Atenas encuentra tantos altares y encontró uno que decía al Dios no conocido. Entonces él dijo a la población de Aenas, justamente a ese Dios que ustedes adoran sin conocerle es el que yo os anuncio. Esta mujer adoraba a Dios sin conocerle pero tenía inquietud de conocerle y estaba oyendo. Tu estás oyendo en este momento la palabra del Evangelio, pero hay un detalle aquí que dice, que el Señor aquí abrió el corazón de ella para que estuviera atenta a lo que Pablo decía, Mi querido amigo muchas personas oyen pero sólo con los oídos, no disponen su corazón par que esté atento a la palabra de amor de Jesucristo.

A la palabra de Compasión de Jesucristo, en este momento es necesario que tú pongas atención a la palabra de Dios. No solamente escuches con los oídos. Permite que la Palabra de Dios, cale Hondo dentro de tu ser íntimo, allí donde en lo secreto de tu corazón que reconoces tu soledad, que reconoces tu vacío espiritual, que reconoces tu temor, porque hay en nosotros, hombres y mujeres pecadores un temor interno, íntimo allí en lo secreto porque sabemos que hemos de comparecer delante del trono de Dios, y qué de nuestros pecados? Pues justamente para librarte de ese temor, para quitarte ese temor, para darte seguridad, para estar frente al Juicio de Dios, y ser hallado justificado, es que vino el Señor Jesucristo. Mi querido amigo, esta mujer encontró lo que buscaba. E inmediatamente abrazó a Jesucristo.

Y es tanto así que ella misma en ese momento o en ese día pidió a los apóstoles ser bautizada, porque querían ser identificados con el cuerpo de Cristo. Quería mostrar públicamente que ella moría a la vieja vida, y ahora disfrutaba de una nueva vida. Mis queridos amigos es necesario, que reconozcamos nuestra necesidad de Dios y que reconozcamos que en la persona del unigénito hijo de Dios, Jesucristo tenemos la salvación. Sólo por él y por nadie más. Abre tu corazón, deja que salga todo aquello que no sirve. Que el Señor lo saque y ponga en ti paz, seguridad y amor. Que Dios te bendiga.




 
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