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Título: La resurreccion de Lazaro - un paralelismo con Israel ( Parte 2)

Autor: Norbert Lieth   PE1380

Estudiando el acontecimiento de la resurrección de Lázaro por el Señor Jesucristo, el autor quiere demostrar un paralelismo asombroso con la historia pasada, presente y futura de Israel


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Estimado amigo, como me han pedido, voy a cumplir y hacer un breve resumen de los puntos tratados en el programa anterior.

Estudiando el acontecimiento de la resurrección de Lázaro por el Señor Jesucristo, hemos demostrado un paralelismo asombroso con la historia pasada, presente y futura de Israel.

Hablábamos de Betania, donde vivían Lázaro y sus dos hermanas, y donde el Señor Jesús frecuentemente se hospedaba, se situaba cerca del monte de los Olivos. Este lugar, el monte de los Olivos, tiene un significado profético. Pues desde allí el Señor Jesús ascendió al cielo (Lucas 24:50-51), y cuando regrese con poder y gran gloria, "se afirmarán sus pies en aquel día sobre el monte de los Olivos".

El amor de Dios por Lázaro y por Israel. La expresión "el que amas" nos muestra que Lázaro es una figura profética de Israel. Pues el amor de Dios por Su pueblo es inquebrantable. Aunque todo el mundo – y con él también parte de la "cristiandad" – se vuelva lleno de odio contra Israel, al amor de Dios por Su pueblo es absolutamente firme, como lo describe también el primer libro de Reyes, diciendo: "...porque Jehová ha amado siempre a Israel...".

También la enfermedad de Lázaro es una figura emocionante de Israel: "Oyéndolo Jesús, dijo: Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella" (Jn. 11:4).

Él sabía de antemano que Su amigo Lázaro moriría. Pero también sabía que lo resucitaría y que al final todo serviría para la gloria de Dios y además sería un acto profético.

Pensemos en la historia de Israel: Como la nación de Israel murió y fue desterrado en los "sepulcros" de las naciones, pero no quedó en la muerte, como lo dice también muy claramente Romanos 11:1-2: "Digo, pues: ¿Ha desechado Dios a su pueblo? En ninguna manera. Porque también yo soy israelita, de la descendencia de Abraham, de la tribu de Benjamín. No ha desechado Dios a su pueblo, al cual desde antes conoció."

En la continuación de la historia de Lázaro, vemos de manera maravillosa lo que pasará con Israel cuando venga el Señor para resucitar a Su pueblo. Jesús vino a la tumba, y nadie creía que iba a resucitar a Lázaro. Pero ¿qué pasó? "Jesús, profundamente conmovido otra vez, vino al sepulcro. Era una cueva, y tenía una piedra puesta encima. Dijo Jesús: Quitad la piedra".

También en nuestros días, muchos no pueden creer que el Señor resucitará completamente al pueblo de Israel. Pero Él lo hará y quitará la piedra que está entre Él e Israel: "Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne" (Ez. 36:26).

Cuando la piedra había sido quitada y la tumba de Lázaro estaba abierta, Jesús "clamó a gran voz: ¡Lázaro, ven fuera!" (v. 43).

Como lo hizo con Lázaro, el Señor llamará al pueblo de Israel de los "sepulcros" de las naciones. En parte ya lo presenciamos hoy en día. Pero cuando venga Jesucristo como Salvador para Israel, se cumplirán completamente las palabras de Ezequiel 37:11-14: "Me dijo luego: Hijo de hombre, todos estos huesos son la casa de Israel. He aquí, ellos dicen: Nuestros huesos se secaron, y pereció nuestra esperanza, y somos del todo destruidos. Por tanto, profetiza, y diles: Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí yo abro vuestros sepulcros, pueblo mío, y os haré subir de vuestras sepulturas, y os traeré a la tierra de Israel. Y sabréis que yo soy Jehová, cuando abra vuestros sepulcros, y os saque de vuestras sepulturas, pueblo mío. Y pondré mi Espíritu en vosotros, y viviréis, y os haré reposar sobre vuestra tierra; y sabréis que yo Jehová hablé, y lo hice, dice Jehová."

Seguimos ahora con dos puntos mas:

"Desatadle, y dejadle ir"

Israel no quedará ciego para su Mesías, como también se dice de Lázaro: "Y el que había muerto salió, atadas las manos y los pies con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: Desatadle, y dejadle ir" (Jn. 11:44). El sudario sobre la cara de Lázaro fue quitado. Así sucederá también con Israel: El "sudario" será quitado de Israel, y verá a su Mesías: "Pero el entendimiento de ellos se embotó; porque hasta el día de hoy, cuando leen el antiguo pacto, les queda el mismo velo no descubierto, el cual por Cristo es quitado. Y aun hasta el día de hoy, cuando se lee a Moisés, el velo está puesto sobre el corazón de ellos. Pero cuando se conviertan al Señor, el velo se quitará. Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad" (2 Co. 3:14-17).

El sudario que envolvía a Lázaro, también es una figura de los propios esfuerzos de Israel para alcanzar salvación por las obras de la Ley. Pero hasta el regreso de Jesús con poder y gran gloria, este velo que tienen puesto sobre el corazón cuando leen el Antiguo Testamento, no será descubierto, hasta que sea quitado por Cristo.

Con autoridad divina el Señor ordenó: "Desatadle, y dejadle ir." De esta manera Lázaro fue liberado, y de la misma manera será liberado Israel. Según mi parecer, después de 4000 años de historia, Israel se acerca a la meta, y pronto Jesucristo levantará el Reino Milenario en Israel.

Después que Lázaro fuera liberado de las vendas y del sudario, se levantó sobre él la gloria de Dios, como Jesús se lo había profetizado a Marta, la hermana de Lázaro: "¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?" (v. 40). ¡Qué cambio maravilloso y glorioso se produjo con la resurrección de Lázaro! ¿Quién lo hubiera creído antes? Marta, por lo menos, quería detener al Señor Jesús de hacer un milagro en su hermano muerto. Ella dijo: "Señor, hiede ya, porque es de cuatro días" (v. 39). Pero lo que antes no quería creer, aconteció por la venida del Señor. ¡De la misma manera se levantará la gloria de Dios sobre Israel!

El establecimiento del Milenio de paz

Más tarde, el Señor Jesucristo entró oficialmente como Mesías en Jerusalén, y Lázaro Lo acompañaba. ¡Qué imagen maravillosa del establecimiento del Milenio de paz!: "El siguiente día, grandes multitudes que habían venido a la fiesta, al oír que Jesús venía a Jerusalén, tomaron ramas de palmera y salieron a recibirle, y clamaban: ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel! Y halló Jesús un asnillo, y montó sobre él, como está escrito: No temas, hija de Sion; he aquí tu Rey viene, montado sobre un pollino de asna" (Jn. 12:12-15). Luego leemos: "Y daba testimonio la gente que estaba con él cuando llamó a Lázaro del sepulcro, y le resucitó de los muertos. Por lo cual también había venido la gente a recibirle, porque había oído que él había hecho esta señal. Pero los fariseos dijeron entre sí: Ya veis que no conseguís nada. Mirad, el mundo se va tras él" (vv.17-19).

Cuando el Señor Jesús haya regresado para "resucitar" a Israel, establecerá con este pueblo Su Milenio de paz. Todo el mundo lo verá y testificará de lo que Él hizo llamando a Israel del sepulcro y levantándolo de los muertos. Por eso, en aquel entonces, la gente vino a recibirle, porque había oído que Él había hecho esta señal, es decir, había resucitado a Lázaro. Los hombres vendrán desde el mundo entero a Jerusalén, para ver al Mesías y adorarlo. Bajo el gobierno del "Rey de los judíos" (Jn. 19:19), sí del "Rey de reyes y Señor de señores" (Ap. 19:16), Israel llegará a ser la primera potencia en la tierra: "Porque así dice Jehová: He aquí que yo extiendo sobre ella paz como un río, y la gloria de las naciones como torrente que se desborda; y mamaréis, y en los brazos seréis traídos, y sobre las rodillas seréis mimados" (Is. 66:12; comp. también Is. 60:10-11 y 61:6). Y Jerusalén será capital del mundo: "Acontecerá en los postreros tiempos que el monte de la casa de Jehová será establecido por cabecera de montes, y más alto que los collados, y correrán a él los pueblos. Vendrán muchas naciones, y dirán: Venid, y subamos al monte de Jehová, y a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará en sus caminos, y andaremos por sus veredas; porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová" (Mi. 4:1-2; comp. también Is. 60:13-14; Jer. 3:17; Ez. 43:7; Zac. 3:2; 8:3.22; 14:16).




 
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