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El árbol de la muerte y el árbol de la vida

Una propaganda habla de una nueva forma de sepultura, como alternativa al cementerio. El ser humano añora seguir viviendo, existir más allá de la muerte, y tener esperanza. Como el árbol es un símbolo de vida y de esperanza, se aprovecha esa idea para que las cenizas sean enterradas, después de una cremación, alrededor de las raíces de un árbol.

"¿Existirá una imagen más bella para un gran amor que la que, incluso después de la muerte, continúa viviendo simbólicamente? Seguir viviendo en forma de árboles, que en sí mismos son un símbolo de vida. Sepulturas en árboles, en medio de la naturaleza, son parte del ciclo del ser humano. Para poner en práctica esas ideas para usted, estamos nosotros. Todas las personas, no importando su confesión o su edad, escogen en vida un árbol bajo el cual sus cenizas serán agregadas a las raíces. Ya en vida, usted puede escoger Su árbol juntamente con Su familia. Éste llegará a ser el punto de referencia central para el recuerdo, en forma totalmente independiente del lugar de residencia geográfica de los diferentes miembros de familia."1

Este deseo no solamente se muestra como alternativa a la sepultura normal en tierra en el cementerio, sino que posiblemente también deba representar una alternativa a la fe viva en un Dios de amor quien un día levantará a los muertos. Es una alternativa mala y triste. Porque una vez que el ser humano está muerto, no juega un rol tan importante el lugar en el cual esté sepultado, sino más bien el estado de fe en el cual fue enterrado. Un ser humano puede ser sepultado suntuosamente y con honores, y sin embargo estar perdido eternamente, y otro puede encontrarse en una fosa común, y entrar al cielo. Un árbol, por anciano que llegue a ser, finalmente igual se destruirá. ¿De que serviría poner su esperanza en algo que, en definitiva, está dedicado a morir?

También es necesario tener en cuenta que el alma del ser humano, de todos modos, abandona el cuerpo en el momento de la muerte y se va a un lugar diferente. De ahí que el cuerpo puede yacer donde quiera, ya que después de todo es solamente un envoltorio; la personalidad de ser humano, sin embargo, sigue existiendo – ya sea en el paraíso a la espera de la resurrección del cuerpo para la gloria, o en el reino de los muertos a la espera de la resurrección para el juicio (Lc. 16:22-23,26; 2 Co. 5:8; Fil. 1:23). "Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua" (Dn. 12:2).

"Todas las personas, no importando su confesión o su edad, escogen en vida un árbol bajo el cual sus cenizas serán agregadas a las raíces. Ya en vida, usted puede escoger Su árbol juntamente con Su familia." Estas oraciones son conmovedoras desde el punto de vista cristiano, ya que existe un árbol, uno mucho mejor, el árbol de la vida: la cruz del Gólgota a la cual cada ser humano, no importando su origen ni su edad, puede llegar. Es el Señor Jesucristo, quien murió en la cruz y resucitó de entre los muertos, a quien en vida uno puede llegar con su familia entera. Quien hace esto, recibe la esperanza viva de la vida eterna ya aquí y ahora. A Jesús, el "árbol de la vida", toda persona puede ir con su culpa. Todos sus pecados se convierten en "ceniza" bajo los pies de Jesús y son "enterrados" para nunca más ser vistos.

"El camino de la vida es hacia arriba al entendido, para apartarse del Seol abajo" (Prov. 15:24).

Por un árbol en el paraíso fracasaron los primeros dos seres humanos, Adán y Eva. El pecado y la muerte llegaron a tener poder sobre ellos y ellos perdieron el paraíso: "Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella" (Gn. 3:6). En un "árbol" (la cruz) venció el Señor Jesucristo. Él derrotó al pecado y a la muerte, y nos devolvió el paraíso: "Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados" (1 P. 2:24). La victoria más grande de un ser humano, consiste en sobreponerse a sí mismo y aferrarse al árbol de la vida que se llama Jesucristo. Por eso, el Señor dice: "El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios" (Ap. 2:7). N. L.

1 «Ein Baum als alternative Ruhestätte» (Un árbol como lugar de descanso alternativo), Züri Rundschau, 11 de Abril 2008, pág. 3




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