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Título: El Mensaje profético del libro de Rut

Autor: Samuel Rindlisbacher

De la misma manera en la que Rut necesitaba un redentor, asì, es con nosotros. Necesitamos un redentor que redima nuestros pecados.


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Como ya lo hemos anunciado estaremos hablando sobre el gozo de la Torá.

Durante la fiesta de „Shavuot", los judíos religiosos se acuerdan de que Dios dio al pueblo la Torá, la Ley. Y los religiosos en Israel quieren cumplir con ella completamente. Incluso creen que cuando un día Israel haya cumplido perfectamente la Ley, vendrá el Mesías y establecerá Su Reino. Esto nos hace ver claramente, que aquí chocan dos mundo distintos: Por un lado, se hace hincapié en los logros propios, y por otro lado, en la incapacidad propia.

El Israel ultra-religioso cree poder ganarse el cielo esforzándose y viviendo una vida conforme a la Ley. Contrariamente a esto, los miembros de la Iglesia han comprendido que es imposible cumplir la Ley y que por lo tanto dependen de la gracia, del Salvador.

Este mismo conflicto y dilema, esta lucha, la encontramos en el libro de Rut. En los primeros versículos del primer capítulo leemos: „Aconteció en los días que gobernaban los jueces, que hubo hambre en la tierra. Y un varón de Belén de Judá fue a morar en los campos de Moab, él y su mujer, y dos hijos suyos. El nombre de aquel varón era Elimelec, y el de su mujer, Noemí; y los nombres de sus hijos eran Mahlón y Quelión, efrateos de Belén de Judá. Llegaron, pues, a los campos de Moab, y se quedaron allí. Y murió Elimelec, marido de Noemí, y quedó ella con sus dos hijos, los cuales tomaron para sí mujeres moabitas; el nombre de una era Orfa, y el nombre de la otra, Rut; y habitaron allí unos diez años. Y murieron también los dos, Mahlón y Quelión, quedando así la mujer desamparada de sus dos hijos y de su marido" (Rut 1:1-5).

Las personas que creen poder ser justas delante de Dios por la Ley, podríamos decir, figuradamente, que huelen a formaldehído, tienen un olor a muerte.

El formaldehído o aldehído fórmico es un gas venenoso, incoloro e inflamable, que tiene un olor ácido y penetrante.

Observemos que en la época de los Jueces hubo hambre en el país. Debemos tener en cuenta que los jueces siempre se basaban en las leyes del país, o sea, en el caso de Israel, en la Torá y en los Diez Mandamientos. Pero a pesar de todos sus esfuerzos, leemos acerca de la situación en Israel lo siguiente: „En estos días no había rey en Israel; cada uno hacía lo que bien le parecía" (Jue. 21:25). Lamentablemente, a pesar de que muchos se esforzaban, ya no había ninguna verdadera relación con Dios.

¿No es así también hoy en día? Muchos creen que son piadosos porque van a una iglesia y viven según el lema: „Hazte de fama y échate a dormir". Pero como no tienen ninguna relación personal con Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre no es de asombrar que no haya fruto espiritual en sus vidas. Pues sin una relación con el que es la Vida verdadera en Persona, no puede brotar ninguna vida.

De una manera muy gráfica, vemos esta falta de relación en el camino que elige Elimelec untamente con su esposa Noemí . Viajaron cuesta abajo hacia Moab, dejando Belén, el centro de la bendición. Exactamente el mismo error lo cometen tambien muchos en Israel hoy en día: Intentan cumplir la Ley, estableciendo su propia justicia. La Ley no puede producir vida ni fruto espiritual. ¡Cuánto se esfuerzan los judíos religiosos! Se imponen a sí mismos pesadas cargas, tratando de cumplir la Ley con suma exactitud, hasta el mínimo tilde. Los „frutos" que produjeron Elimelec y Noemí fueron, pues, conforme a su estado espiritual: „Y murieron también los dos, Mahlón y Quelión, quedando así la mujer desamparada de sus dos hijos y de su marido" (Rut 1:5). Con esta imagen espiritual, la Biblia nos muestra con urgencia que la Ley nunca podrá producir verdadera vida espiritual. Antes bien, sus „hijos" serán hijos enfermizos y caducos, provocando al final más tristeza todavía a su madre viuda.

Esto nos muestra que necesitamos algo más grande, algo mejor. Necesitamos a „Booz": a Jesucristo.

Estimado amigo, volvamos al lugar de bendición.

Cuando Noemí regresó a su patria después de todos los golpes del destino vividos en Moab, inconscientemente se puso en camino para el encuentro con Booz. Éste es un paso que toda persona debe dar para poder tener un encuentro con Jesucristo. Tiene que dejar la tierra ajena, donde vive lejos de Dios, la tierra de su propia justicia y de su propio esfuerzo, para llegar a la gracia en Jesucristo.

Leemos acerca del regreso de Noemí con su nuera Rut: „Anduvieron, pues, ellas dos hasta que llegaron a Belén; y aconteció que habiendo entrado en Belén, toda la ciudad se conmovió por causa de ellas, y decían: ¿No es ésta Noemí? Y ella les respondía: No me llaméis Noemí, sino llamadme Mara; porque en grande amargura me ha puesto el Todopoderoso. Con mucho dolor, Noemí tuvo que reconocer que el camino que habían elegido había sido el equivocado. Habían ido por caminos de esfuerzo propio y, a causa de eso, por caminos de amargura. Pero a pesar de la amargura que Noemí experimentó en el extranjero, no debemos olvidar que después de todas esas duras decepciones, ella tuvo un encuentro con Booz, que es una imagen de Jesucristo.

No podemos tener ningún encuentro con Jesucristo, mientras nos esforcemos nosotros mismos creyendo que así podemos ganarnos el cielo. Pues a los ojos de Dios, todos nuestros esfuerzos son, como dijo el profeta Isaías: „...como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento". Por eso, es urgentemente necesario que toda persona tenga un encuentro con „Booz", que entremos en contacto con Jesucristo.

En el segundo capítulo del libro de Rut leemos: „Y he aquí que Booz vino de Belén, y dijo a los segadores: Jehová sea con vosotros". También el Booz celestial, Jesucristo, quiere bendecirnos y darnos Su plenitud en abundancia, de manera que nos sobre. A la hora de comer, Booz dijo a Rut: „Ven aquí, y come del pan, y moja tu bocado en el vinagre. Y ella se sentó junto a los segadores, y él le dio del potaje, y comió hasta que se sació, y le sobró" (v.14). ¡Solamente con Jesús encontramos la verdadera plenitud!

Si vienes a Jesús, ya no tienes que esforzarte en vano por ganar el cielo. El ya hizo todo para que puedas ser salvo.

Vemos una imagen profética de este hecho en lo que Noemí le dice, acerca de Booz, a su nuera Rut: „Aquel hombre no descansará hasta que concluya el asunto hoy". Realmente, Booz se puso en camino para concluir la obra comenzada. ¡Jesucristo no hace nada a medias! Leemos de Booz: „Booz subió a la puerta y se sentó allí; y he aquí pasaba aquel pariente de quien Booz había hablado, y le dijo: Eh, fulano, ven acá y siéntate. Y él vino y se sentó. Entonces él tomó a diez varones de los ancianos de la ciudad, y dijo: Sentaos aquí. Y ellos se sentaron" .

En sentido figurado, la Biblia con esto quiere decirnos que también hay otro „redentor" que reclama su derecho sobre nosotros. Éste es Satanás, el diablo. Si todavía no Le has confiado tu vida a Jesucristo, en lo más profundo de tu corazón sabes que, en realidad, tu vida le pertenece a otro. Quizás eres religioso, y exteriormente todo parece ser perfecto. Pero sé sincero: ¿Quién es en realidad tu señor? ¿No es Satanás? ¡Jesucristo quiere ser tu Redentor! Pues pagó un alto precio por tu redención. Si el Señor Jesús todavía no es tu Redentor personal, estás en la misma situación que el salmista, que dijo: „Porque mis iniquidades se han agravado sobre mi cabeza; como carga pesada se han agravado sobre mí". Si es así, el Señor Jesús te invita a venir a Él. ¡Quiere ser tu „Booz", tu Redentor!

Si vienes a Jesús con todos tus pecados, que son una „carga pesada" demasiado grande para ti, experimentarás lo que dice Isaías 44:22: „Yo deshice como una nube tus rebeliones, y como niebla tus pecados; vuélvete a mí, porque yo te redimí." Ten el coraje de dar hoy mismo ese paso y de seguir a Jesús. ¡Ven a Jesucristo con tu vida, con todo tu pasado! Confiésale tus pecados, pídele perdón e invítalo a estar en tu vida a partir de ahora. La Biblia dice: „Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad" Mas a todos los que le recibieron (a Jesucristo), a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios".

Dios te bendiga!



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