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Titulo:  Pentecostés y su Candente Significado para nosotros”. 3/4

Autor: Wim Malgo  Nº: PE993

¿Qué es avivamiento? ¿Qué es la unanimidad? ¿Cómo practico la unanimidad? Estas y más preguntas son  contestadas en  esta interesante meditación bíblica   de Wim Malgo, que escuchamos en la voz de Herman Hartwich. ¡No se la pierda!

 


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"Pentecostés y su Candente Significado para nosotros". 3/4

Querido amigo, acerca de la unanimidad leemos en Hechos 2:1: "Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos".

 

Esto contesta también la pregunta de por qué, a pesar de todas las oraciones y todos los ruegos por un avivamiento, no hay respuesta de Aquel que dijo, por ejemplo, en Isaías: "Porque yo derramaré aguas sobre el sequedal". Querido hermano, querida hermana: Nuestro Dios reacciona enseguida, rápida y completamente, cuando Sus hijos están juntos unánimes en oración. Leamos una vez más Hechos, donde se habla de cuatro reacciones de Dios:

 

En primer lugar leemos "Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba..." Esta fue la reacción acústica. ¡El mundo lo oyó!

 

Luego vemos: "...el cual llenó toda la casa donde estaban sentados". Esta fue la reacción atmosférica del Espíritu de Dios. ¡Todo el mundo lo sintió!

 

En tercer lugar:"...y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos..." Esta fue una reacción óptica. ¡Todo el mundo lo vio!

 

En cuarto lugar, fue una reacción del Señor para cada uno personalmente, pues no leemos que las "lenguas repartidas, como de fuego", se asentaron sobre todos. No, sino que mucho más. Leemos en el versículo 3b: "...asentándose sobre cada uno de ellos". Cada hijo de Dios fue alcanzado individualmente, juzgado a fondo y llenado por el fuego del Espíritu. Luego, sin embargo, esta experiencia individual llevó al avivamiento colectivo, pues leemos a continuación: "Y fueron todos llenos del Espíritu Santo...". Pero el factor desencadenador, la base para esto la encontramos, como ya dijimos, en el versículo 1: "...estaban todos unánimes juntos". Sin embargo, perdemos el avivamiento colectivo si negamos la unanimidad interior. Pero si se cumple con la condición de la unanimidad en tu iglesia local, ¡entonces el avivamiento ya está presente! Bien entendido, no se trata de una unanimidad artificial. Muchas iglesias y obras misioneras descansan en ella, pero la respuesta de Dios no llega.

 

Ahora bien: ¿Qué hay que entender bajo unanimidad artificial?

 

Esto quiere decir, poner al mal tiempo buena cara, adaptarse, hacer como si realmente se hubieran aceptado mutuamente, aunque sigan viviendo un rechazo en el corazón. En muchos lugares están sentados "unánimes" en los cultos - ¡pero la respuesta del Señor no llega!

 

¿Qué dice el Señor a esto? Leamos Romanos: "El amor sea sin fingimiento". O en 1 Timoteo: "Pues el propósito de este mandamiento es el amor nacido de corazón limpio". Pero, justamente, el amor fingido es el gran impedimento por el cual el fuego visible en Pentecostés, hoy es retenido por Aquel que dijo: "Fuego vine a echar en la tierra; ¿y qué quiero, si ya se ha encendido?". Pero en muchas iglesias locales, la unanimidad de los creyentes existe sólo exteriormente.

 

Sin embargo, estamos fuertemente equivocados si creemos que debemos mover a Dios con nuestras oraciones y hasta hacerle cambiar de opinión, para que por fin dé un avivamiento. Es justamente lo contrario: Nosotros debemos ser renovados en nuestra opinión, convencidos, cambiados y quebrantados, lo que acontece por la oración persistente. Si oramos sinceramente y con persistencia, a solas y juntos, el Espíritu de Dios creará en todos nosotros la condición previa para la verdadera unanimidad interior. No, tus oraciones no deben cambiar al Dios eterno e invariable, quien quiere dar un avivamiento, ¡sino que tienen que cambiarte a ti! Tu orgullo y tu presunción en tus pensamientos frente a tu prójimo deben ser quebrantados. Entonces la unanimidad está aquí, y con esto también el avivamiento. Solamente entonces cambia la situación en su matrimonio, en su lugar de trabajo y en su iglesia local. Deje por fin de volverse con acusaciones contra los demás (aunque sea solamente en pensamientos); ¡vuelva en sí! ¡Deje de aparentar una unanimidad que no existe en su corazón! ¡Despójese hoy de su carácter orgulloso y ambicioso, que causa división! Ya sólo el pensamiento: Soy mejor que el otro, destruye toda unanimidad. Deje que Jesucristo sea el centro de su corazón y de su ser, entonces la unanimidad interior con el hermano y con la hermana ya será un hecho, ¡porque entonces se habrá despojado de esta baja terquedad de mirar con desprecio al otro, para vestirse del carácter del Cordero!

 

Pero si no lo hace, sigue siendo un asesino de la nueva vida que quiere brotar. Pensemos en este contexto en el llamado aborto: ¡Qué terrible es que en todo el mundo, innumerables niños ya sean asesinados antes de su nacimiento! Esto tendrá como consecuencia ineludible un juicio espantoso de Dios, pues El lo ve. Pero es exactamente lo mismo con la nueva vida espiritual que brota. El temor se apoderaría de la Iglesia de Jesús, si muchos de sus miembros reconocieran: Por mis malos pensamientos y por mis malas palabras, que yo he pensado y divulgado sobre mi prójimo, yo mismo mato toda nueva vida espiritual que quiere brotar. ¡Pues yo soy la persona (¡no el otro!) que se defiende con toda fuerza contra la irrupción del Espíritu Santo para un avivamiento! Nuestra vida está tejida de confusión, de tal manera que casi no hay reproche que dirigimos contra el prójimo que no podamos aplicarlo a nosotros mismos aún antes que él lo escuchara. "Por lo cual eres inexcusable, oh hombre, quienquiera que seas tú que juzgas; pues en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo; porque tú que juzgas haces lo mismo" (Ro. 2:1).

 

Por la unanimidad se salva a los perdidos.

 

¡Cómo respondía el Señor inmediatamente desde el cielo, cada vez que los discípulos estaban unánimes juntos! En Hechos 2:46-47 leemos: "Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos." ¡El resultado fue que continuamente se salvaban almas!

 

Querido hermano, querida hermana, es bueno hacer muchos trabajos prácticos y poder obrar mucho para el Señor. Pero ¿dónde queda la irrupción del Espíritu? ¿Dónde queda el avivamiento? ¿Dónde están las almas por las cuales está orando para que lleguen a Jesús? No podemos pasar por alto el peligro mortal de que las personas que más están dispuestas a ocuparse de cosas prácticas son las que menos encuentran en sí mismas el móvil del Espíritu de Dios; siempre necesitan un empuje desde afuera. ¡Escuche sienta hoy el empuje de la Palabra de Dios! No diga: No puedo ser unánime con este o aquel hermano o hermana. Esto se lo sugiere el diablo, que tiembla ante un avivamiento, o sea, ante la irrupción del Espíritu de Dios. Muchos hablan de tentaciones. Pero justamente las tentaciones son la señal de que Dios está dando un avivamiento.

 

¡Qué amenazados, intimidados e indecisos, eran los discípulos antes de Pentecostés! Pero cuando fueron llenos del Espíritu Santo, el temeroso Pedro llegó a ser un héroe. Es esencial que comprendamos esto. No hay prueba más confiable de tener la plenitud del Espíritu que el no dejarse irritar por nada que se nos pueda enfrentar. Pedro permaneció tranquilo cuando algunos se burlaron de él. Lleno del Espíritu de Dios, respondió a sus adversarios de Hechos: "...éstos no están ebrios, como vosotros suponéis, puesto que es la hora tercera del día. Mas esto es lo dicho por el profeta Joel: Y en los postreros días, dice Dios, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; vuestros jóvenes verán visiones, y vuestros ancianos soñarán sueños".

 

Con esto, Pedro testificó una vez para siempre que los que están unánimes en avivamiento, son ellos mismos el cumplimiento de la profecía. ¡Pero todos los demás, que permanecen fuera de esta unanimidad, le quitan su credibilidad a la Palabra de Dios!

 

Esta Palabra Suya le habla ahora a usted, hecha viva por el Espíritu Santo. Lo decisivo en esto es que Su Palabra le compunja ahora el corazón. ¡Qué así sea, estimado amigo!. Amén.



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